Una mujer llega a la ventanilla con el folio de un trámite que lleva meses detenido. Trae copias de todo, porque ya aprendió que siempre falta algo. Le informan que el titular dejó el cargo hace unos días y que conviene volver cuando llegue alguien con firma. Guarda las copias en el mismo sobre y sale a esperar el camión. Mientras ella espera, el funcionario que debía resolver su asunto ya llenó otro formulario. Fue el único que en esa oficina se tramitó con prisa: el registro en línea para buscar, por MORENA, una diputación federal. Estuvo abierto del 1 al 4 de octubre, y para inscribirse había que dejar el puesto.
Antes de señalar, conviene revisar la vara con que medimos. Muchos de nosotros reservamos la palabra chapulín para el funcionario del partido que no nos simpatiza, y guardamos silencio cuando el salto lo da alguien de los nuestros. Durante años permitimos que la indignación dependiera del color de quien saltaba, y el resultado es una clase política que aprendió a medir el escándalo por la lealtad de su público. Esa complacencia también es responsabilidad nuestra. Un cargo público es un encargo: quien rinde protesta acepta una función que pertenece a todos, y quien la abandona a medias deja pendiente algo que nunca fue suyo.
MORENA llegó al poder con una promesa sobre su propio carácter: no eran iguales. Se luchaba por ideales, decían, y el cargo era lo de menos; lo importante era el movimiento. Una promesa sobre el carácter solo admite una prueba, que es la conducta sostenida en el tiempo, y las fechas de estas semanas ofrecen esa prueba con una claridad incómoda. Las oficinas de gobierno se vacían a mitad de la administración en cuanto el partido abre registro. El movimiento que iba a ser causa funciona como agencia de colocación. Para ser tan diferentes, resultan muy iguales a quienes vinieron a desplazar, y el parecido alcanza lo esencial: la idea de que cada puesto sirve para alcanzar el siguiente.
La práctica ya tiene procedimientos de gobierno. En Baja California, el gobierno del estado fijó el 14 de agosto como fecha límite para que se fueran quienes quisieran competir en 2027, y cuatro integrantes del gabinete anunciaron su salida antes del plazo. Al abrirse el registro quedaron vacantes dos secretarías en Zacatecas, una subsecretaría en Veracruz y un cargo federal en Hidalgo. El gobernador de Zacatecas admitió, además, que otros colaboradores esperan las convocatorias locales para decidir. Cuando un gobierno organiza la salida de su gabinete conforme a las fechas de un partido, la administración pública queda subordinada a un calendario que ningún ciudadano votó. Los gabinetes se convierten así en banca de suplentes de las listas electorales.
El diseño de las reglas confirma la jerarquía. La convocatoria, publicada el 30 de septiembre, obliga a los funcionarios estatales y federales a renunciar o pedir licencia antes de registrarse. A diputadas y diputados en funciones, según explicó la propia dirigencia del proceso, no se les pide, de modo que pueden aspirar sin moverse de la curul. Para que el procedimiento no se llame por su nombre hicieron falta doce palabras: coordinación distrital federal en defensa de la transformación y la soberanía nacional. Con ellas el partido conduce su selección sin pronunciar la palabra precandidatura, aunque nadie dude de que de eso se trata.
Se dirá que todo esto es legal y hasta virtuoso. Separarse del cargo impide usar recursos públicos en la contienda, y el partido prohíbe expresamente ese uso. Renunciar es un derecho de cualquier servidor público, y ser votado también lo es. Todo eso es cierto. La crítica apunta a otra parte: a la decisión política de aceptar un encargo de servicio y tratarlo como sala de espera, y a la de un partido que organiza esa espera con fechas y formularios mientras reclama por escrito a sus aspirantes honestidad y sencillez. Cumplir cada regla no impide desmentir lo que se prometió, y en estas semanas ambas cosas ocurren al mismo tiempo.
El documento pide a los aspirantes trayectoria, compromiso con las causas del pueblo y disposición para servir. Quien acaba de abandonar un encargo lo presentará como credencial, y la trayectoria queda reducida a una lista de puestos ocupados, sin que nadie pregunte qué se dejó hecho en ellos. Se despiden con la solemnidad de quien concluyó una obra, como si de verdad hubieran hecho algo significativo, y el partido les reconoce el mérito sin pedir comprobante. Los viejos partidos practicaban lo mismo sin pretender santidad. Quien hace de la virtud su carta de presentación convierte cada incumplimiento en algo más grave que una falta, porque desmiente la razón misma por la que se le creyó. Para ser tan iguales, estos son más eficientes: tienen registro en línea, fecha límite, comisión evaluadora y un vocabulario de causa para decorar lo que antes se hacía a secas.
Si la diferencia todavía significa algo, MORENA tiene cómo demostrarlo con decisiones que no le cuestan un peso. Puede obligar a que cada aspirante que haya dejado un encargo público acompañe su registro con el acta de entrega-recepción, con lo concluido y lo pendiente, y publicarla completa. Le bastaría con que su comisión explique, con resultados verificables del puesto abandonado, por qué considera idóneo cada perfil. A sus gobiernos les toca preguntar a cada colaborador, al nombrarlo, si piensa terminar la administración, y hacer pública la respuesta para que el incumplimiento tenga testigos. Mientras no lo haga, la promesa de ser distintos seguirá operando como un recurso de campaña que nadie se siente obligado a cumplir en el gobierno.
A ti, que vuelves a la ventanilla con el mismo folio, que haces fila sin brincártela y pagas a tiempo lo que te cobran: estas carreras se construyen con tu paciencia. Cuentan con que olvides quién se fue a la mitad, con que el próximo año te deslumbren el chaleco y el discurso, con que la indignación te dure lo que dura la nota. Cuando el aspirante llegue a tu colonia, pregúntale qué dejó terminado en el último lugar donde lo pusieron a servir, y no aceptes como respuesta la lista de sus cargos. Si titubea, llévalo contigo hasta la boleta, porque tu memoria es lo único que esta forma de hacer política todavía no ha aprendido a administrar.
Quienes votaron por la diferencia no se equivocaron al desearla. Estaban cansados de ver el servicio público convertido en escalera, y ese cansancio sigue siendo legítimo aunque hoy lo aprovechen quienes prometieron curarlo. Exigirle a MORENA la misma vara que MORENA usó contra los demás es la forma más seria de tomarle la palabra. La mujer del folio volverá la próxima semana con su sobre de copias. Del otro lado de la ventanilla encontrará a alguien que acaba de llegar y que nadie sabe cuánto va a durar, mientras ella, que no tiene a dónde renunciar, vuelve a formarse.




Sin embargo sigue siendo la opción, solo basta mirar a los de enfrente, sería un gravísimo error creer e involuntariamente impulsar de algún modo el regreso de los que antes destrozaron al país, es seguro que hay muchos, muchísimos que siguen teniendo el pensamiento del abuso y la corrupción pero con todo, hoy, decenas de millones de personas reciben beneficios, y no solo monetarios. También es conveniente no generalizar, ha regiones donde si hay avances significativos y otros donde no, pero como ciudadanos y ciudadanas también hay responsabilidad de lo que está pasando, si hay algo que falla en una sociedad y perdura es porque no es solo por unas cuantas personas sino que tiene que ver con muchos, muchísimos más, también en indispensable qué la sociedad ejerza la autocrítica y haga una reflexión de lo que quiere y está dispuesta a hacer para que todo mejore, muchísimas veces las fallas provienen de los trabajadores de las instituciones que operan abajo, y ellos no son extraterrestres, son parte del pueblo que con sí apatía y displicencia provocan de lo que después se quejan, a veces (no contradigo lo expuesto en la columna) no se resuelven los asuntos por negligencia de los que atienden y toman como pretexto que no hay titular cuando siempre queda un encargado que legalmente tiene facultades para resolver, en fin, hay mucho por hacer en la sociedad, si la sociedad tiene ciertas características, no podemos esperar que cuando miembros de esta misma actúen de otra forma, si se tiende a cochupo se verá reflejado, si hay honestidad también se verá reflejado, es bueno criticar y señalar las fallas del gobierno pero no hay que perder de vista que es el síntoma, no la causa.